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Teresa Mitchell, experiencia de una mujer Ehretista

Nota del traductor: Traducción actualizada Octubre 2017. Debido a que en la primera publicación de esta traducción yo no disponía del texto completo en ingles del testimonio de Teresa Mitchell, fui cogiendo partes que existían en la red sobre este documento y que completé con una traducción que poseía de otro individuo. Yo me fie de esta parte de traducción y la hice publica. Pero ahora que ya dispongo del texto completo original me he dado cuenta de que existían importantes fallos en la traducción que me fue dejada, habiendo sido añadidas palabras que no existen en el texto original y suprimidas otras de vital importancia para el correcto entendimiento del mensaje de Teresa Mitchell. Le pido al lector mi mas sinceras disculpas por no haberme dado cuentas antes de este error. Espero que disfrute de nuevo de esta lectura actualizada y le sirva de gran ayuda para la continuación de la practica del autentico Ehretismo.

Mi Camino hacia la Salud y la Felicidad.

Por Teresa Mitchell

Todo empezó hace unos años en el devastado país de Hungría. Las numerosas privaciones, experiencias frustrantes y abusos que nuestra familia soportó durante la primera guerra mundial sirvieron, sin duda, para provocar en mí el deseo de superar la situación a la que a mi familia, junto con otros de nuestra clase habíamos llegado. Cuando finalmente terminó la Primera Guerra Mundial, mi madre y yo fuimos muy afortunados de haber tenido la oportunidad de inmigrar a este gran país, los Estados Unidos de América. Agradecidos aceptamos y partimos hacia el país de nuestros sueños, tan pronto como fue legalmente posible. Estados Unidos demostró ser increíblemente maravilloso, mucho más allá de mis sueños más imaginativos.

Adaptarse al estilo de vida americano, especialmente a los hábitos alimenticios, no fue fácil. El cambio de las escasas raciones de nuestra dieta en el periodo de guerra a la abundancia de la dieta estadounidense pronto demostró mi deterioro físico. Durante la guerra, nuestra dieta en Hungría era prácticamente sin azucares ni carne. Ahora en América podía comer tanta carne, pasteles, dulces, helados y lácteos como quisiera, todo tipo de comida que había anhelado, sin restricción de cantidades

Esto era América, la tierra de la abundancia, verdaderamente una tierra de leche y miel. Pronto note que mi salud empeoraba. Las continuas enfermedades que me llevaron a visitar la consulta del doctor me decían que posiblemente el cambio drástico en la alimentación podría ser la causa. Afortunadamente y gracias a la ayuda de nuevos amigos, supe de las maravillosas bibliotecas públicas donde podía encontrar diferentes libros sobre dietas. Ávidamente leí la mayoría, algunos muy interesantes, acerca de la dieta vegetariana. Gradualmente comencé a aplicar algunas sugerencias a mis hábitos alimenticios. Los resultados fueron gratificantes, así que volví a mi antigua dieta vegetariana. La primera prueba que obtuve de buenos resultados fue no necesitar más las gafas para leer después de haberlas usado los 3 últimos años. Me apunte a un club de excursionismo y aprendí a disfrutar del aire libre de la montaña y de los secretos de la naturaleza. Nuestro profesor nos enseñaba ejercicios respiratorios básicos en los descansos de nuestras caminatas. Sentí que había encontrado la manera correcta de vivir y me hacia feliz pensar que así era como quería continuar toda mi vida.

Entonces supe de un libro llamado “Sistema curativo por dieta Amucosa” escrito por el Prof. Arnold Ehret. Todavía conservo el mismo ejemplar y aun después de 27 años lo leo y releo, y continuo encontrándolo maravilloso. Este libro fue el verdadero trampolín para mi Shangri-La de la Salud. Este Shangri-La no era un lugar enclaustrado por altas montañas, alcanzado solo después del agotador esfuerzo y las dificultades por solo algunas almas resueltas y valientes. No, por el contrario, mi Shangri-La es fácilmente accesible para todos los que quieran entrar por sus puertas.

Pronto aprendí que todo lo que había leído hasta entonces sobre dieta y salud sólo era parcialmente cierto. Pero, ahora con mi nuevo conocimiento, más el valor, la fe y el coraje, la salud perfecta estaba realmente a mi alcance y podría lograrse a través de las comprensibles enseñanzas contenidas en este extraordinario libro. Casi de inmediato sentí la sinceridad del autor y acepté cada palabra de sus enseñanzas. Instintivamente, sabía que esta vez estaba en el camino correcto. Tras meses de seguir la dieta de transición enseñada por Ehret, la limpieza que conseguí me sobresaltó. Sí, la efectividad de la dieta era incuestionable. Por ejemplo, un bocio que ya había empezado a convertirse en preocupante en mi cuello, desapareció por completo. No podía creer que fuera posible sentirme mejor de como me sentía. Varios síntomas menores, demasiado numerosos para mencionarlos aquí ahora, también desaparecieron.

Dos años habían pasado desde que comencé la dieta de transición y ahora ya disfrutaba verdaderamente de todo alimento amucoso. Seguía los ejercicios físicos sugeridos en el libro у otros ideados por mi misma. Descubrí ciertos ejercicios respiratorios que me ayudaban a superar la debilidad que con frecuencia acompaña al cambio drástico de dieta. El momento se acercaba, ¿cuando el gran paso final para la curación completa, como lo enseñó el Prof. Ehret, debería tomarse?. La decisión no fue fácil. Comencé a preguntarme: “¿Me atrevo a tomarlo?” “¿Por qué ir más lejos ya que realmente me siento bien ahora?”. “Debo estar físicamente bien porque ha pasado mucho tiempo desde que tuve un simple resfriado. Mientras seguía discutiendo conmigo misma, me vinieron a la mente pensamientos extraños, así como dudas: “Supongamos que el autor estuviera equivocado, es casi imposible que se equivoque en sus conclusiones”. Si bien Ehret enseñó que “la comida del hombre son las frutas y las verduras de hoja verde”, ¿cómo podría existir alguien con una dieta tan monótona? podre ser lo suficientemente fuerte?”

Comencé a discutir las enseñanzas de Ehret con otros que, como yo, estaban interesados en recuperar la salud por la dieta. Algunos lo habían intentado pero ninguno había realmente constante. “Se necesita mucha fuerza de voluntad”, “Te quedaras muy delgada”, “Tus huesos se harán trizas por falta de calcio”, “La civilización moderna no lo hace posible”, etc. me decían. Otros más amablemente afirmaban: “Te quedaras sola con tus creencias, nadie te comprenderá”.

Como me hubiera gustado consultar mis dudas directamente con el Prof. Arnold Ehret, pero desafortunadamente había fallecido debido a un fatal accidente cuando se encontraba en la misma cima del éxito. Tras un repaso meticuloso de los pros y contras llegue a la decisión de que mi vida era mía y que obraría como creyera conveniente. Me di cuenta que hasta que no hubiera probado completamente las enseñanzas Ehretistas no podría conocer el éxito real. Todo el miedo se fue tan pronto como mi decisión fue tomada y decidí no confiar en nadie. Sentía que mi objetivo final era “saborear el Paraíso” como Ehret prometió. Mi experimentación con dietas restrictivas había continuado durante años, periodo que, irónicamente, los únicos trabajos que encontré disponibles fueron en restaurante, bien de cajera o camarera.

Tomada mi decisión, me levante a la mañana siguiente llena de determinación en mi corazón. De algún modo esperaba que todo fuera diferente, pero a mi llegada al trabajo todo seguía igual que siempre, los pestilentes olores de bacon frito, jamón y huevos, café humeante y bandejas cargadas de comida. Las mismas mujeres madrugadoras con los ojos hinchados, hombres en abrigos sucios o en sus manchados y grasientos monos de trabajo, todos eran los mismos que antes. De hecho solo una cosa había cambiado: mi actitud mental, que nadie parecía notar. Al menos no de inmediato, no durante un tempo.

 

Una difícil primera semana.

No fue tarea fácil mantenerse con una dieta estricta de fruta hasta la completa desintoxicación de mi cuerpo. Una y otra vez, tuve que recordarme a mí mismo los beneficios que esperaba obtener y solo al tenia presente en mi mente una imagen del éxito, muchas veces más de lo que me gustaría admitir. La primera semana finalmente pasó. A decir verdad esta primera semana fue la parte más difícil de esta aventura. Sin tener precedentes de la cantidad de fruta correcta que debía comer en cada comida, fui experimentando.

Afortunadamente la sandía estaba de temporada y me resultaba más saciante que otras frutas. Amigos y compañeros de trabajo empezaron a observar la monotonía de mis comidas y fue difícil guardar el secreto. Al final decidí confiar en mi jefe, quien comprensiblemente informó al personal al respecto. Desde entonces fui el “bicho raro” entre los empleados, que, afortunadamente no me molestaron demasiado.

Mis años anteriores con dietas de transición, demostraron ser eficaces, habiéndome acondicionado mas o menos para acercarme a la dieta frugívora, aunque, si bien es cierto, con una pérdida considerable de peso. La dieta vegetariana había logrado muchos buenos resultados en la eliminación de gravámenes tóxicos y desechos y la carne y los productos lácteos productores de toxinas no tuvieron parte en mi dieta durante los últimos años. Sin embargo la frecuente expectoración continuó durante largo tiempo con el régimen de frutas, y también noté una considerable eliminación de cuerdas de mucosidad que acompañaba mi materia fecal. Aun así había indicios de mejora general en mi salud, que incrementaron mi determinación de continuar con mi experimento.

La piel de mi cara, que parecía haber cedido después de los primeros diez días o dos semanas, se volvió firme y lisa nuevamente después de un período de un mes. Mis ojos se volvieron claros y brillantes y una nueva sensación de euforia me invadió. Esto era algo que rara vez había experimentado, en todo caso, tenia claro que debía estar progresando.

La temporada de uva ya había comenzado y encontré que todas las variedades de uva eran un alimento satisfactorio. Mientras que las uvas Moscatel parecían ser las más agradables y satisfactorias para mí, disfruté de cualquier tipo de uva. Pronto descubrí que solo necesitaba una hora para que las frutas se digieran y, por lo tanto, comía cada vez que sentía las punzadas del hambre. Pero, y esto es extremadamente importante, ¡aprendí que incluso las frutas tienen una reacción dañina si se las sobrealimenta! La naturaleza tiene una manera muy sutil de decirnos cuándo hemos comido lo suficiente.

 

Una dieta factible y practica.

Este nuevo hábito de comer siempre que sentía dolores de hambre, resultó difícil de llevar durante las horas de trabajo. Cuando creía que nadie miraba, solía mordisquear una manzana que había escondido cerca de la caja registradora. El jefe pronto me puso fin a esta comida que hacia a escondidas, pero amablemente me sugirió que me ayudara con cualquier fruta que pudiera haber en el refrigerador. Cabe decir que esto me hizo la vida mucho más fácil. Lo que fue más sorprendente para mí fue que no me había debilitado a través de esta estricta dieta de frutas. Si bien me habían advertido que podría llegar a estar en cama por un tiempo, la “debilidad” que había esperado no se materializó. No perdí ni un solo día de mi trabajo.

Siempre me ha gustado cantar y en varias ocasiones me han dicho que tengo una voz bastante buena, así que durante los dos últimos años había recibido lecciones de canto. Después de tres meses de esta dieta estricta de frutas, mi maestro comentó acerca de un cambio importante que estaba teniendo lugar en la calidad de mi voz, así como cambios pronunciados en mi apariencia general y personalidad. Parecía que poseía mayor capacidad respiratoria y mejor control de la tonalidad. Mi voz tenia mas resonancia y se había aclarado notablemente. Estaba emocionada con este progreso, pero todavía dudaba en revelar mi dieta a mi maestro, porque disfrutaba de la fuerza moral que parecía mantenerme.

Incluso después de seis meses con una dieta estricta de fruta todavía no había llegado el momento donde, según las enseñanzas del Prof. Ehret, todas las obstrucciones serian limpiadas. Viviendo en una pensión completamente sola, con mi único familiar vivo en este país, mi madre, a miles de millas lejos de mi, (pues ella se quedó en Ohio cuando me vine a California), aquello empezaba a resultarme una lucha difícil. Mi madre y yo nos escribíamos regularmente, pero nunca le había revelado mi dieta por miedo al desánimo. Apoyo era lo que yo más necesitaba en aquel momento. La soledad era probablemente el mayor de los obstáculos que tenía que derribar. Intente mantener mi mente ocupada leyendo y planeando las cosas que me gustaría hacer tras la desintoxicación total. A pesar de los muchos amigos que había hecho, la extraña soledad persistía. Con la llegada del otoño vino la época de las manzanas. Recuerdo con cariño las deliciosas manzanas Jonathan que ayudaron a variar la dieta. Con una gran Jonathan podía realizar una comida completa.

Para entonces, llevaba nueve meses viviendo de la dieta a base de frutas y habían tenido lugar muchas cosas alentadoras y maravillosas. Durante al menos los últimos dos meses me había sentido como un bebé recién nacido. Me apetecía gritar mi mensaje a los cuatro vientos. “Esta debió ser la manera que Dios designó al hombre para vivir”. ¿Por que no aceptaba la gente estas enseñanzas o al menos las comprobaban por sí mismos de forma que pudieran disfrutar de la verdad? En mi entusiasmo soñaba con vivir en una colonia de gente viviendo esta vida paradisíaca. Para mi mente joven esta era la respuesta a todos los males de la humanidad y la soledad también.

La textura de mi piel se volvió como la de un bebe. El color natural de mis labios no hizo necesario el uso de pintalabios. Mis ojos se volvieron claros y brillantes en todo momento. Mi completa persona experimentaba gradualmente un completo cambio. Incluso mi carácter cambió a mejor y mi mal genio se transformó en una actitud filosófica y disposición calmada y comprensiva hacia la gente y sus problemas diarios. Los temores que siempre me habían invadido, fueron desapareciendo de forma gradual. Mi manera de pensar cambió por completo. Todos comentaban constantemente la sonrisa natural y espontánea que daba nueva luz a mi rostro. No tenía que esforzarme, salía sola. Esta maravillosa sensación de euforia formó parte de mi vida. Era mi primer pensamiento consciente al despertar cada mañana.

 

La primera limpieza.

Entonces el primer gran acontecimiento ocurrió. Una noche tras una cena de uvas, me despertó una sensación de saciedad en la garganta. No tenía ninguna sensación particular de náuseas o dolor, pero al llegar al baño, vomité grandes cantidades de una sustancia pegajosa y transparente. Pasada la mala experiencia, me invadió una sensación de bienestar. Nueva fuerza y energía parecía llenar todo mi cuerpo. Pensé, esta debe ser la gran limpieza final que el Prof. Ehret nos enseñó a esperar, como indica en su libro. Sin embargo fue solo el precursor de otras dos experiencias similares previas a la llegada del día esperado.

Durante este periodo de limpieza y eliminación tuvieron lugar muchos acontecimientos interesantes, en realidad demasiados para tratar de enumerarlos. Otro de los hechos más notables fue la completa ausencia de fatiga. Mi trabajo requería permanecer constantemente de pie durante ocho horas y aun así tras una jornada entera me sentía tan vital y descansada como si apenas hubiese trabajado. El único modo en que reconocía que mi cuerpo necesitaba descanso era una sensación de somnolencia. Al llegar a casa solía echar una pequeña siesta tras la cual estaba fresca de nuevo para mis lecciones vocales de canto en el estudio. Mi descanso durante la noche era profundo e ininterrumpido, pues rara vez soñé. Al despertar tenía una claridad mental indescriptible, que debería ser experimentada para ser comprendida y apreciada. No se necesitaba estimulantes, como el café o el té, para ponerme de buen humor durante los días de trabajo. Pensar era cada vez más fácil y en realidad me estaba volviendo ingeniosa. De hecho, nunca me había dado cuenta de este don en mi adoptada lengua inglesa. Me sentí orgullosa de mi capacidad para devolver una respuesta rápida, así como un regreso a la “pequeña” charla. Mis capacidad de concentración se había vuelto más aguda. De hecho, ni los ruidos ni la confusión podían distraer mi pensamiento. Mi timidez y reticencia estaban siendo reemplazadas por el equilibrio.

Muchas tentaciones diarias tuve que superar, como cuando se presentó un deseo intenso de alimentos que sabía que eran nocivos, y aprendí a través de la repetición que cuanto antes me dijera NO, más fácil sería decir NO la próxima vez. Pronto me di cuenta de que mantener mi mente ocupada en otras cosas, en lugar de permitir que se formen pensamientos hacia la comida, ayudó a aumentar mi fuerza de voluntad.

Mi residencia estaba cerca del restaurante, así que podía ir al trabajo andando. Había una colina excepcionalmente empinada y difícil de subir que siempre me hacia jadear de cansancio. Una tarde de vuelta a casa me sentí inspirada para crear un poema. A medida que los versos tomaban forma caminaba profundamente ensimismada en mis pensamientos, cuando de repente me di cuenta que había ascendido más de la mitad sin haber sentido ningún esfuerzo en absoluto. Era como si hubiera caminando sobre terreno llano. Apenas podía creer lo sucedido. Pensé que debía haberme centrado tanto en el poema que me había olvidado de mi cuerpo. Entonces creí conveniente y oportuno comprobarlo así que decidí volver al principio y subir la colina de nuevo, esta vez no pensando en el poema sino prestando atención a mi cuerpo. Para mayor asombro sentí como si apenas tuviera peso. Allí estaba ascendiendo esta inclinada cuesta como mínimo de un 60 % sin el más mínimo síntoma de cansancio. Pude fácilmente subir corriendo, causando consternación y asombro entre los transeúntes jadeantes. Fue difícil para mí contenerme en detener a mis compañeros peatones y contarles todo al respecto. “Debo estar a las puertas de Shangri La”, hablé para mí misma, “pensar que la dieta podría hacer todo esto”.

Después de que mi entusiasmo se hubiese enfriado y habiendo reflexionado considerablemente, decidí contarle a ciertas personas quienes tal vez entenderían este milagro que la dieta era capaz de lograr en cualquiera. Mientras algunos se maravillaron de mi fuerza de voluntad, otros simplemente se negaron a creer mi historia o arguyeron que aunque podría ser bueno para mi, seguro que no funcionaba en ellos. Era descorazonador oír a gente decir “Tu eres joven, es tu juventud” entonces yo contestaba “¿Cuantos años crees que tengo?” a lo que ellos me respondían “Bueno no debes tener más de dieciséis”. Cuando les decía mi edad de veintiséis no se lo creían.

Dentro de mí sabía que todo estaba bien y seguí comiendo mis comidas de frutas. Otras experiencias aparentemente inexplicables siguieron. Mi sensación de bienestar no tenía límites. Sabía que ahora estaba completamente restablecida a la salud perfecta. Había llegado a mi objetivo tan esperado. Sin dolores y dolores, sin molestias físicas de ningún tipo, sin dolores de cabeza, sin resfriados. Este podría ser un buen momento para mencionar otra de las “experiencias” que me estaban ocurriendo. Mis periodos menstruales solo ocurrían a intervalos de seis meses, y cuando llegaban, no sentía ninguna reacción nerviosa o depresión mental y absolutamente ningún dolor en absoluto. Su duración fue muy corta.

No encuentro palabras para describir el perfecto estado de bienestar que tenía el privilegio de experimentar. Me consideraba afortunada, desde luego, estando saludable de cuerpo y mente. La sensación placentera de estar viva era tan intensa que pensé que debía compartida con otros, porque guardarla como secreto sería como un pecado. No tengo duda de esto, era totalmente una persona nueva, viviendo en mi paraíso privado, maravilloso, más allá de toda descripción. Calmada, serena y con pocos talentos que Dios me había otorgado, mejoraron enormemente.

Era mi aspecto, mi apariencia general, la que con mayor certeza mostraba la tremenda mejora, pese a la pérdida de 25 libras de peso (11 kg), de ninguna manera me veía “flaca”. Sin embargo mi cuerpo era bastante esbelto, y mi cara se había redondeado ligeramente. Mi piel era como la de un bebé. Transmitía felicidad en todo momento y un resplandor radiante parecía emanar de mí, ya que la gente continuamente lo comentaba. Me invadía una calma completa y un sentimiento de confianza, como la que el niño pequeño debe sentir en el regazo de su madre, a salvo de todo peligro externo. Mejor dicho, era como sentarse en el regazo divino, como si una voz interna me asegurara que por fin estaba libre de toda enfermedad. Siempre que mi sangre permaneciera limpia y pura y no volvería a obstruir mis tejidos con materias extrañas inservibles, ningún germen externo podría atacarme o dañar mis órganos. Este fue mi asombroso descubrimiento y quería aprovecharlo al máximo.

Al hablar sobre mis experiencias con la gente, no me sorprendió demasiado saber que habían intentado seguir la dieta de Ehret pero que no lo lograron. O bien a través de la falta de fe o de la falta de fuerza de voluntad, posiblemente ambos, abandonaron demasiado pronto. No habían llegado a su total y profunda comprensión, tan importante para nuestra futura vida. Los que fracasaron probablemente califican las enseñanzas de Ehret como poco convincentes, pero, en lo que a mí respecta, todo lo que enseña el autor en su “Sistema Curativo por Dieta Amucosa” es cierto. Personalmente, he demostrado que cada afirmación contenida en el libro del Prof. Ehret se basa en una sólida base de una verdad innegable. Tal vez sea esta es la clase de salud que el individuo medio no pueda imaginar, con cada órgano y célula completamente libres de toda obstrucción tóxica, y capaz de funcionar como la creación quiso que fuera. Probablemente el Prof. Ehret fue el único hombre en la historia reciente en alcanzar esta salud perfecta.

He comprobado, para mi completa satisfacción, que el cuerpo humano no necesita ni la comida “científicamente preparada”, ni las complicadas dietas que la presente civilización ha llegado a aceptar como absolutamente esenciales para la salud. Ahora se que el cuerpo humano, tras haberse limpiado de todo deshecho obstructivo que nuestra dieta moderna deja en cada célula y en cada gota de nuestro torrente sanguíneo, puede vivir solo de frutas, encontrándose maravillosamente saludable. También me di cuenta que hasta el niño más joven debe primero someterse a una dieta de limpieza antes de que pueda alimentarse de fruta, el alimento del paraíso.

La dieta Amucosa del Prof. Ehret, encierra realmente en sí misma la capacidad de cambiar el mundo, con su renacimiento espiritual difícil de concebir en el siglo XX. Los sentidos se vuelven más agudos: una visión más clara, colores más brillantes, sonidos, incluso susurros se hicieron claramente audibles, y las papilas gustativas reavivadas hicieron los sabores más sabrosos y los aromas más agudos. Me entristece pensar en la miseria, dolor, temor o miedo que siente la gente, además por los obstáculos y tribulaciones que les hacen la vida tan difícil. Se me sobrecoge el corazón cuando veo a la gente transportar bandejas cargadas con comida cinco veces mas que la capacidad de sus estómagos. Sus pobres órganos con exceso de trabajo carecían de suficiente vitalidad para deshacerse de esta cantidad excesiva de desechos. No es de extrañar que estuvieran continuamente “enfermos”, que siempre estuvieran cansados ​​y agotados.

Hoy, después de 27 años, mi fe en la eficacia del Sistema Curativo por Dieta Amucosa es mayor que nunca, mucho mas que durante mis primeros días de experimentación. Ahora, a mis cincuenta y tres, estoy empezando a admitir mi edad con orgullo. Durante años he mentido al respecto, especialmente a mis jefes. A hora, mis vecinos y compañeros de trabajo me miran con gran sorpresa. Me dicen que no debería admitir tener más de treinta y seis, como mucho. Mi piel todavía mantiene la suavidad sin arrugas de una mujer mucho más joven. Mi pelo está en condiciones excelentes. He conservado una figura juvenil y mi voz, que uso como solista, es aún joven у vibrante. Conservo un extenso repertorio vocal. Todavía conservo el entusiasmo, capacidad у fuerza para el trabajo. Hago todas mis tareas domésticas que compagino con un trabajo de 7-8 horas fuera de casa, sin olvidar el cuidado de mis dos hijos y mi marido. En mi tiempo libre me gusta escribir. No tengo dolores o molestias de ningún tipo, a pesar de que he atravesado el difícil periodo de la menopausia.Sin embargo, los síntomas generalmente aceptados que afectan a la mujer promedio durante este período de la vida, han tenido muy pocos efectos sobre mí. Nunca he me han puesto “inyecciones”, ni he tomado “complemento dietéticos”, ni vitaminas, de hecho, no he tenido necesidad de buscar el consejo de un médico. Mi botiquín todavía está libre de píldoras, químicos o tónicos, ni cremas ni compuestos de belleza.

No hace falta que mencione que no me alejo del camino recto, aunque estrecho, marcado por el Prof. Ehret en su maravilloso libro, que seguramente no necesitan mi testimonio, ya que se ha mantenido en sus propios conocimientos durante muchos años. Más de cien mil de personas lo han leído y muchos deben creer en sus enseñanzas al igual que yo, pero quisiera enfatizar un punto: Quien quiera que desee convertirse en discípulo suyo debería alcanzar por sí mismo una avanzada, si no completa desintoxicación. Solo entonces se encontrará en condiciones de enseñar los principios de “Cómo controlar la propia salud” a través del ayuno y la dieta, sin temor a enfermedades inciertas que podrían estar al acecho en nuestros tejidos y en nuestra corriente sanguínea.

Solo esto puede darle al alma y a la mente del hombre la libertad que la Naturaleza nos hizo poseer.

 

Construye tu propio camino hacia la salud.

Cualquiera puede conseguir la perfecta salud, independientemente de su edad o condición. Esto puede parecer una declaración audaz, pero les aseguro que es cierta. Si usted está dispuesto a realizar el esfuerzo, a aprender a tener fe y perseverancia, al final obtendrá una salud perfecta.

La curación, desintoxicación y rejuvenecimiento están a su alcance,una vida llena de acción, realización y, sin duda, llena de la alegría de vivir; una vida sana y equilibrada que no da tiempo a frustraciones ni a neurosis.

A lo largo de la historia de la humanidad, la vejez ha sido representada como los años agobiantes, los años de decadencia, de senilidad y dolencias. Pero esto ya no tiene que ser así. En realidad, el período más gratificante y productivo de tu vida debería ser durante estos años avanzados. Este tiempo de vejez debe emplearse en el tipo de trabajo que requiere la experiencia que solo posee una mente madura. Es entonces cuando se adquiere estabilidad, en todos los aspectos, incluso económico. Pero, lamentablemente en nuestra presente civilización, con muy pocas excepciones, somos demasiados seniles y estamos demasiado enfermos para disfrutar plenamente esta magnífica sensación de libertad y seguridad. Muchos de nosotros nos vemos relegados a ocupar los bancos de los parques, con la esperanza de aliviar el dolor de huesos y desgastadas articulaciones disfrutando al Sol.

Las enfermedades paralizantes, crónicas o degenerativas de la “vejez” no tienen por que aparecer necesariamente, ni debería darse por sentado su aparición a ninguna edad. Pero desafortunadamente el hombre continuamente prueba métodos antinaturales para curarse y he aquí donde reside su enorme error.

Afortunadamente, Arnold Ehret, en su “Sistema Curativo por Dieta Amucosa”, enseña métodos en completa armonía con los métodos de leyes naturales que siguió para curarse completamente. Señala que las leyes de la Naturaleza son inmutables. El hombre primero debe aprender a dominarlos y luego cooperar plenamente con ellos si quiere disfrutar de la armonía física y mental.

Cualquiera que esté contemplando seriamente el viaje verdaderamente inspirador hacia la salud perfecta a través de las páginas del “Sistema Curativo por Dieta Amucosa” de Ehret debe darse cuenta de que requiere un estudio cuidadoso y un juicio inteligente. Las lecciones aprendidas deben estudiarse de forma exhaustiva y repetidas veces para que los pensamientos de este gran maestro de la salud se vuelvan familiares. Hay varios puntos muy importantes que debes recordar:

  • Si sufre una enfermedad catalogada de incurable, no puede esperar los mismos resultados inmediatos que otro que padezca una enfermedad menor. La edad, también es un factor determinante.La misma reacción no puede ser esperada por una persona en sus setenta años como individuo en los años treinta, veinte o menos.
  • Debes condicionarte tanto físicamente como mentalmente para lograr los mejores resultados. Por ejemplo, el carnívoro que come tres veces al día no debería privarse repentinamente de todos los productos cárnicos. Esto demostraría un gran impacto tanto físico como mental. Sería mucho más prudente que redujese las porciones de alimentos durante un período de meses y luego eliminara gradualmente una comida de carne (preferiblemente desayuno). Después de unos meses puede eliminar el plato de la carne del almuerzo y luego puede dejar la carne en la cena. Sustituye un plato de vegetales cocinados que realmente disfrutas en lugar del plato de carne. Este sistema de reducción gradual se puede aplicar igualmente con éxito en la eliminación de café, te, carbohidratos, huevos, productos lácteos, etc.

Un sistema de reducción gradual sirve para muchos propósitos. En primer lugar, comienza en la disciplina mental que es tan esencial para el éxito en este propósito. En segundo lugar, comienza la eliminación gradual de los ácidos y el pus en el sistema. En tercer lugar, reduce el tamaño del estómago, siguiendo la sugerencia de no comer en exceso .

 

Un derecho a equivocarse.

La dieta de transición, que se expone en el libro, es exactamente lo que su nombre implica: una transición de una antigua forma errónea de comer a la nueva y correcta manera de alimentarse. Lo más importante logrado a través de este nuevo régimen es la eliminación de los desechos acumulados dando como resultado la curación del organismo. En primer lugar, la estructura tambaleante se derriba lenta y gradualmente y se eliminan los restos para dejar espacio a la nueva y moderna estructura.

Muchos estudiantes creen que es necesario consumir porciones más grandes de frutas y verduras cuando están en la transición, ya que no tiene la mayor consistencia de la dieta convencional de hoy en día. Pero esto no es así. Realmente necesita menos frutas y verduras ya que contienen más valor alimenticio. Te sorprenderá la pequeña cantidad de comida que tu cuerpo realmente necesita para nutrirse. Si usted come más alimentos de los que necesita, este exceso de alimento debe ser eliminado y, por lo tanto, sus órganos de eliminación pueden ser dañados por el sobre esfuerzo. Puede formarse gases si se come demasiada fruta de una vez, o si esta se mezcla con los almidones.

Es bien sabido que hay que comer despacio y nunca se debería comer a menos que tengas hambre. La naturaleza tiene una señal muy definida por la cual nos hace saber cuándo termina la ingesta de comida. Debes aprender a prestar atención a esta señal. A menudo, se piensa erróneamente que los dolores por acidez son dolores de hambre. (Hay una similitud). Estas punzadas de hambre falsa desaparecerán a medida que se eliminen los ácidos sobrantes. Los dolores ácidos van y vienen haciendo que persistan los dolores del hambre.

Algunas personas se quejan en la mesa de quedarse insatisfechas después de una comida de frutas. Esto es comprensible porque todos nosotros tenemos una vida de hábitos equivocados que requieren tiempo para cambiar. En realidad, debe hacer un esfuerzo consciente para cambiar sus ideas sobre la alimentación y la nutrición. Un hábito que debe romperse es el de esperar un sentimiento “sofocante” o “completo” al final de una comida. Disfrute del nuevo tipo de comida en sus pensamientos y estoy segura de que pronto le gustará lo suficiente como para estar esperando su próxima comida.

No debe sentirse desanimado, compruebe diariamente sus mejoras para alentarse. En una persona joven, en una semana después de haber comenzado la dieta de transición, una notable mejora será notada: la luminosidad de la piel, el brillo de los ojos. Una sensación general de ligereza despertara el deseo de mayor actividad. Hay una vida psicológica definida en todo esto. Uno está constantemente esperando mejoras en la salud. Todo el miedo absorbente de ser abatido por innumerables enfermedades degenerativas se borra gradualmente de la mente.

 

Controlando la perdida de peso.

No se alarme porque pierde peso. “El peso es la enfermedad” y todas las viejas sustancias enfermas deben desaparecer. Sin embargo, no debes perder peso demasiado rápido. Si lo hace, agregue una patata asada o una tostada melba* a sus comidas por un tiempo. El requesón también ayudará a controlar una pérdida de peso demasiado rápida. *Tostada Melba es una tostada muy seca, crujiente y muy fina.

Debería continuar con la dieta de transición hasta que sienta un bienestar estabilizado. Esto ocurre después de que la mayor parte de las obstrucciones de desechos han sido eliminadas. El tiempo necesario para lograr una completa desintoxicación dependerá de su edad y condición física. Si considera que su estado de salud actual es el resultado de una vida entera de alimentación equivocada, no debería escatimar tiempo y esfuerzo en desintoxicarse.

La mayoría de las mujeres son ingeniosas con los alimentos y los menús de la dieta de transición y no tienen ningún problema ya que pueden combinarse para que se adapten a sus propios gustos. Lo más importante que hay que recordar al preparar un menú es la simplicidad. No es necesario aderezar alimentos. Aprende a resaltar los sabores naturales de los alimentos horneándolos o estofándolos en una pequeña cantidad de agua y aceite de oliva puro u otro buen aceite vegetal. Somos afortunados de poder disponer de deliciosos productos frescos a lo largo de todo el año. Las lechugas son fáciles de encontrar incluso en invierno y junto con zanahorias, coles y apio rallado, hacen una buena combinación para la transición. Muchas variaciones de ensaladas se pueden construir solo con estos pocos vegetales. Prueba a rallar zanahorias y agregar guisantes recién cocinados o enlatados, preparar un aderezo con jugo de vegetales cocidos o una mezcla de miel y jugo de limón.

No debe probar un ayuno completo de frutas hasta que esté completamente seguro de que toda la materia de desecho peligroso ha sido eliminada de su cuerpo. La fruta es un eliminador implacable de sustancias que producen enfermedad. Muchos de nosotros no podríamos sobrellevar esta severa limpieza dada nuestra condición física. Las verduras, tanto crudas como cocinadas, funcionan a fondo, pero con mucha más lentitud y suavidad. La dieta exclusiva de fruta es el test para determinar si está lo suficientemente desintoxicado para ser capaz de sentirse cómodo con ella, sin inconvenientes o reacciones inesperadas. Esto me recuerda el caso de una persona de mediana edad quien intentó su preparación a la dieta frugívora durante un periodo de 3 o 4 años. Desgraciadamente, la limpieza de mucus en los tejidos había sido insuficiente y todavía el sistema retenía pus, pidiendo ser eliminado. Su experiencia fue muy desagradable. Pues llegó a envenenarse por sus propios residuos. Lo hubiera evitado de asegurarse que su sistema estaba limpio de sustancias venenosas. Observe la reacción de su propio cuerpo después de un día a con una dieta de frutas. Si los resultados son: dolores de cabeza, mareos, mal aliento, lengua cargada, descargas de mucosidad por nariz y garganta, entonces seguro que todavía no está preparado para una dieta estricta de frutas.

Nuestra lengua es el “espejo mágico” en el que, como enseña Ehret, podemos observar los síntomas durante el ayuno.Es una indicación definitiva del verdadero estado de los tejidos así como de los órganos internos de la cavidad abdominal. Cuando los órganos internos están completamente sanos, la lengua adquiere un color rosa saludable permanente. Observe las lenguas de los animales; siempre son del mismo color rosa saludable. La respiración debe ser absolutamente pura, completamente inofensivo. No debe haber condiciones de acidez o pus. Todo esto se revela claramente en el “espejo mágico”.

Durante el proceso de eliminación, la piel se vuelve flácida e incluso rugosa, pero este es un resultado natural en todos, independientemente de la edad, durante las crisis de curación. Los alimentos naturales consumidos tal vez por primera vez durante la vida de la persona, comienzan a mejorar y reconstruir los tejidos enfermos. La Naturaleza, sabiamente aprovecha la situación y empieza la limpieza del edificio. Luego, una vez que el moco pegajoso se elimina por completo y se presenta una corriente limpia y reconstruida, los tejidos recuperan su elasticidad. Los nuevos y sanos enfermos de los tejidos se llenarán de oxígeno y se hincharán con orgullo como almohadas de plumas. La mejora diaria será tan obvia que todavía estarás encantado de verla. La textura de su piel cambiará completamente y su cuerpo adquirirá una juventud que le sorprenderá. Sus músculos se volverán firmes y resistentes y la alegría de estar vivo le llenará de deseos de transmitir su mensaje al mundo entero.

 

Paciencia y persistencia

Es mucho mejor tomarse el tiempo necesario en cuanto a desintoxicación se refiere. Es el paso más importante que pueda tomar en esta vida. Los resultados valen la pena y lo único que requiere es algo de sentido común y seguir las leyes naturales. Si comienza el camino hacia la salud Ehretista, persista hasta la desintoxicación total. Ello le proveerá el apoyo moral esencial como nada más puede hacerlo. Ante todo y pase lo que pase, no se desanime y abandone demasiado pronto porque podría estar a punto de vislumbrar el éxito. Conforme avanzamos en el Ehretismo no solo nos estamos ayudando a nosotros mismos, sino que somos un instrumento de la Naturaleza a través de nuestro ejemplo, para establecer una nueva forma de vida para cientos de otros.


Traducido al español por David Gil.